Historia del Arte: “Los Cien Ojos de Argos” y “La Hemorroísa”

Espacio dedicado al Arte de la mano de nuestra compañera Paloma Moralo, que hoy nos traslada al mundo de la Mitología con “Los cien ojos de Argos” y dará un repaso a la Iconografía Cristiana con “La Hemorroisa”.

Argos

Resplandores de luna exuberante

Bañan cien ojos en la noche fría;

Cincuenta duermen, con cincuenta espía;

Calma es la sombra, alerta el vigilante.

La flauta de Hermes le alteró el semblante

Con la dulzura de su melodía;

Y soñando tristeza y alegría

Uno tras otro los cerró el gigante.

No despertó de aquel sueño mortal,

Pero ascendió a las más altas regiones.

Una canción nos puede ser fatal;

Un sueño puede alimentar visiones;

Pero al morir, tendremos por igual,

Un lugar entre las constelaciones.

La hemorroisa no era una pecadora. Era una víctima de su religión. La moral vigente fue destrozándole poco a poco. Vivía su religión sin haberse encontrado con Jesús. Su religión no le servía nada más que para hacerla sufrir. ¿De qué le sirvió creer en Yahvé?

Y mientras, los levitas, los escribas, los fariseos, los sacerdotes del Templo tan satisfechos. Ellos sacrificaban a Dios los becerros, las vacas, los pichones, las palomas, manejaban los dineros de los fieles, dirigían el gran negocio de la eterna reconstrucción del Templo, oraban tantas veces como hiciera falta.

Pero el pueblo seguía paralítico, ciego, hambriento, con su Ley a cuestas, con su «derecho canónico» que quemaba de raíz todo crecimiento. Mucha ley, muchas normas, mucho control, pero sin vida.

Tuvo que saltarse la Ley para encontrar a Jesús. Y junto a Jesús, su vida, su crecimiento, su salvación. El evangelio es, en primer término liberación. La palabra liberación –la teología de la liberación- no gusta en la nueva Jerusalén romana. Sin embargo fue el centro de la acción y predicación de Jesús.

La palabra liberación no se utilizaba porque no existía. La palabra bíblica es éxodo. Toda la acción de Yahvé con su pueblo es un esfuerzo de éxodo: salir de toda esclavitud. Sentir y vivir la libertad. Condición imprescindible para ser hijo. Ser hijo del Padre común es el proyecto de la creación del hombre.

Ninguna ideología, ninguna religión, ningún becerro por muy de oro que sea, ningún derecho canónico tendrá sentido si castra la obra del Creador.

Aquella mujer tuvo la valentía y la fe para saltarse incluso su religión, para ejercitar su libertad y tocar a Jesús. Jesús no le falló. De víctima pasó a ser libre.

¡Qué triste una religión, sea cual sea, sin Jesús!

Pero la consecuencia de esta página del evangelio debería o podría hacernos temblar a todos los que nos dedicamos a esto de la fe o teologías. Mejor será proponerlo en forma de pregunta. ¿Ha existido, en la historia de los hombres, algo más esclavizante que las religiones?

Siendo yo jefe de personal en una gran empresa hispano alemana, me encontré con la tragedia de que un trabajador excelente y joven, fue llamado al hospital Doce de octubre de Madrid porque allí, como consecuencia de una alambrada, se desangraba su hijo de ocho años. Eran testigos de Jehová. No admiten la transfusión de sangre. Su religión no le permitía vivir.

¡A cuántos no nos ha dejado vivir nuestra religión!

De ahí, que en el fondo de todos los fondos, el cristianismo no sea equiparable a una religión. Sí, ya sé que teólogos más temerosos exigen y añaden muchos matices a esta afirmación. Yo pienso y pensaré que ser cristiano es escoger a Jesús, aquel de Nazaret. El que liberaba, el que sanaba, el que convertía a los hombres en hermanos y enseñaba a llamar a Dios, Padre.

Sobre ese escoger a Jesús de forma personal, (ese «bautismo») intransferible y permanente comenzó todo. Enseguida se generaron familias de creyentes en el mismo Jesús.

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